UN SIMPLE CLIC El presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez, vestido en uniforme de combate, anunció al cabo de un desfile militar de fin de año la clausura de Radio Caracas Televisión (RCTV), una emisora a la que sentencia a muerte bajo la acusación de golpista. Un verdadero golpe de estado en contra de la libertad de expresión que nunca deja de tener enemigos a muerte. No me cabe duda que RCTV merece el calificativo de golpista, pues la emisora estuvo del lado de quienes quisieron derrocar a Chávez en 2002. Pero igual merece el calificativo el propio Chávez, quien surgió a la palestra pública gracias, precisamente, al golpe de estado que intentó en contra del presidente Carlos Andrés Pérez en 1992, diez años atrás. Un golpe de estado fue, pues, la puerta del poder que hoy se arroga el presidente benefactor para cerrar un medio de comunicación, revocando el permiso que ese medio tiene de usar la frecuencia que según la ley es propiedad del estado. De modo que el que peca y reza, al menos debería empatar. Cuando me siento frente al televisor a ver las noticias, me gusta poco el entremetimiento de las opiniones de los presentadores transmitiendo lo que piensan o quieren los dueños del canal. Seguramente de eso peca la RCTV. Prefiero las opiniones de los invitados en los programas abiertos de debate, donde cada quien dice las cosas a como mejor las piensa, o quiere. Y no es mi gusto exclusivo, es lo que todo el mundo prefiere. Porque RCTV transmite las opiniones de sus dueños contra Chávez, es que la emisora no le gusta ni a éste ni a sus seguidores. Lo que debían hacer entonces es no verla, o cambiarse de canal, todo con un simple clic. Es lo mismo que yo hago, a veces, cuando me aparece Chávez en la pantalla, en camisa rojo encendido, de las mismas que usa el doctor Arnoldo Alemán, protagonizando uno de esos soliloquios sin fin en los que toca todos los temas imaginables, desde la inseminación artificial a las cartas de amor de Bolívar. O peor, cuando con ínfulas didácticas explica por qué se ha decidido a reeligirse de manera indefinida, para lo cual está mandando reformar la Constitución. ¿Saben por qué? Porque su presidencia perpetua es la manera de abrir el camino del socialismo al pueblo venezolano y darle felicidad eterna. Entonces, como nada de eso me gusta, lo resuelvo todo con un simple clic. Tengo el poder en el dedo que pongo sobre el botón, como cualquier televidente. El presidente Chávez, en cambio, pone el dedo en el gatillo. La tentación malsana de cerrarle la boca a alguien porque no nos gusta lo que dice late siempre en el fondo de nuestra conciencia. Para curarnos de ella existe el control remoto, que nos da la posibilidad de hacer clic a nuestra libre voluntad. Libres de ver y oír lo que nos la regalada gana. Pero cuando un presidente usa el poder para cerrarle la boca a un medio de comunicación, y advierte primero que vayan apagando mejor los equipos porque se le llegó al medio delincuente la hora, ya no se trata de un asunto del gusto o de la voluntad personal limitados al propio aparato de televisión que tenemos enfrente, sino que se trata de la libertad y de la democracia, que no es un asunto de simple gusto, o de simple clic. Se trata del poder de provocar un apagón general. Masatepe, enero del 2007 |