Prosa Profana
DE VERDUGOS Y BUFONES
Sergio Ramírez
Conozco a Herty Lewites desde aquellos años febriles en que no teníamos otra pasión de mayor envergadura que la de derrocar a Somoza y abrirle al país una nueva vida. Esos empeños, que para Herty habían empezado desde su adolescencia, incluían el asalto al cuartel de Jinotepe como parte de un puñado de valientes, alzamientos callejeros, el exilio, y luego el abandono de su hogar en Los Ángeles para seguir siempre conspirando, la prisión, y para cuando nos encontramos en Costa Rica, más viajes clandestinos de idas y venidas, y la muerte de su hermano Israel en el ataque al cuartel de Masaya en octubre de 1977.
Hay todavía quienes miden la estatura en centímetros ideológicos, usando un cartabón sectario, y así descalifican con sentencias pontificales a quienes, como Herty, se pasaron la vida luchando con una sonrisa de desdén en los labios, o con la risa franca del que hace broma aún la más grave de las amenazas, o la cercanía de la muerte. Los que nunca abandonaron la solemnidad, es porque debajo de sus máscaras adustas todo suena siempre a hueco. Los compromisos, aún aquéllos en que va la vida, se pueden asumir con alegría y desenfado, y con burla, frente a las reglas canónicas, tal como siempre lo ha hecho Herty.
Los verdugos son siempre puntillosos y circunspectos, con alma de pequeños burgueses que se ponen los guantes blancos antes de descargar sobre las cabezas de los apostatas el filo de la guillotina. Y tienen generalmente mal gusto. En su forma de hablar, en su forma de vestirse cuando suben al cadalso para ejecutar a sus víctimas, camisa roja y corbata verde, por ejemplo, pantalones campana de los que se usaban en los sesenta, de fibra sintética. Modales ampulosos, falso sentimentalismo. Un verdugo es siempre un bufón que trastoca sus papeles, pero siempre hablará sentado en el trono apolillado de las doctrinas de manual, un trono de utilería, como los de todo bufón que siempre será, al fin y al cabo, un rey de baraja, obsequioso y dócil frente al rey verdadero.
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